martes, 19 de enero de 2010

IMsomnio

estaba leyendo lo que solía escribir y caí en la cuenta que un amigo tenía razón, cada una determinada cantidad de tiempo, ya no somos los mismos, ni en lo más mínimo, ni en un detalle pequeñísimo. somos nueva gente con nuevas ideas, vamos dejando la piel como la serpiente, y que feo es todo lo que podemos llegar a sorprendernos de nosotros mismos. uno es el que menos sabe de hasta donde es capaz de llegar. y encontré algo que escribí no se cuando, no se refiriendome a quien, ni en que marco, valga la redundancia, pero lo comparto:Marcos, tres am, siempre le había costado dormir, pero pensaba que era el único. Cansado de dar vueltas en la cama, se levantó, se asomó al balcón, quedaría poético decir que encendió un cigarro, pero no. Solamente se sentó, no miró las estrellas, ni escribió una canción. Marquitos fue a su balcón y se sentó, no se puso a llorar, aunque se sentía sensible. Se sentía como en las películas, fuerte, único, valiente, esas cosas que te hace sentir la noche. Tenía energía, ganas, no sabía de que en ese momento, después se iba a dar cuenta. La luna lo escuchaba, pero, no lo sabía comprender, era como un psicólogo sordo, y Marcos, el Marcos, seguía sentado, sin hacer nada, sin fumar, sin filosofar, eso sí, ahora, hablaba. No hablaba solo, pero nadie lo escuchaba, y así segundo a segundo, asomo el alba. y Marcos ... (final abierto, supongo)